martes, 21 de agosto de 2012

OMÁN, contra viento y marea



Por extraño que parezca, Omán era para mi un destino estrella desde hace mucho tiempo, aunque no por su pesca precísamente. Se trata de un lugar privilegiado para observar fauna salvaje en oriente medio, y un destino top para los ornitólogos y herpetólogos europeos, en los que me incluyo. Sin embargo, no fue hasta que leí un magnífico articulo sobre pesca a mosca en Omán en la revista Flymage, que tuve cuenta de las posibilidades que este país ofrecía para el pescador deportivo.

Parece normal entonces que me embarcara en una pequeña aventurilla con dos buenos amigos amantes de la naturaleza como son Iscle y Pablo, pues con ellos tenía garantizados mis momentos de ocio científico persiguiendo aves y reptiles, además de disfrutar de buenas jornadas de pesca en una costa casi vírgen.

Os animo a leer el artículo de Uroko donde se relatan algunas de las cosas que vivimos allí y que yo intentaré complementar ahora desde una perspectiva más naturalista que deportiva.


Durante el verano, la costa omaní es azotada por el Khareef, un viento monzónico extremadamente persistente y fuerte. Nosotros sabíamos de ello pero aún así decidimos probar suerte. Resultó ser peor de lo que nunca imaginamos y extremadamente incómodo, pero como no hay mal que por bien no venga, resultó ser bueno para realizar avistamientos de fauna marina desde la orilla, hacia donde el fuerte viento empujaba a toda criatura viviente.

Es así como pudimos ver cientos (sin exagerar ni un pelo) de tortugas marinas, la mayoría tortugas verdes, algunas bobas y una posible tortuga carey. Además de un grupo de delfines mulares indo-pacíficos, una ballena Yubarta, un rolcual no identificado y infinidad de aves marinas, algunas de ellas tan raras como el petrel de Jouanin o la pardela persa.

La única zona de roca que pudimos pescar debido a la fortísima marejada imperante en toda la costa sur del país
Algunas playas y sistemas dunares eran de lo más espectacular, con manglares y zonas intermareales llenas de vida
Tiñosa común (Anous stolidus)
Lagarto de cola espinosa (Uromastyx benti)
Tortuga verde (Chelonia mydas)
Ganga (Pterocles exustus)
En total observamos 87 especies de aves de las cuales 54 eran nuevas para mí! Y vale! ya paro de dar la lata con bichos y paisajes! Por supuesto que hubo pesca, nuevas experiencias y sensaciones fuertes...

Resumiendo, y para los que nunca hayan catado el trópico: La fuerza y resistencia de los bichos del trópico no se puede medir con parámetros mediterráneos...fue una verdad que aprendimos rápido.

Suerte que íbamos preparados con buenos hilos, nudos, carretes, cañas, anzuelos y anillas, de lo contrario nos hubiéramos quedado sin señuelos rápidamente. Por difícil de creer que sea, peces de menos de cinco quilos te ponían en aprietos con equipos de popping ligero, pues buscaban la roca como auténticos posesos.

Un enorme ejemplar de ''sargo negro''  (Acanthopagrus berda)

Aunque capturamos muchísimas especies diferentes, los reyes indiscutibles del viaje fueron los grandes ''sargos negros''. Animales súmamente potentes que ponían las cosas difíciles cuando la roca andaba cerca.

A continuación una pequeña muestra de las capturas que se dieron esos días, a la que hay que sumar una buena cantidad de Jureles ojones de tamaño contenido, barracudas, varias especies de meros y snappers, agujas y algunas anjovas.

Doublespotted queenfish (Scomberoides lysan)
Mero patata (Epinephelus tukula)
Blueline snapper (Lutjanus coeruleolineatus
Kawakawa (Euthynnus affinis) muy parecidos a nuestras bacoretas
Y más sargos!   

Por supuesto algunos peces se resistieron a salir, concretamente algunos GT y Bluefin Trevallys y en mi caso también un Yellowfin tuna que fueron totalmente imposibles de pelear o poner en seco en los complicados escenarios de roca en los que teníamos  que lidiar.

Mi impresión general fué la de un país despoblado con un mar súmamente rico, que hace pensar en como debió ser el Mare Nostrum cuando surcaban sus aguas miles de tortugas y millones de grandes peces. También pudimos constatar el efecto de la pesca deportiva a pequeña escala, llegando a observar las consecuencias de la presión de pesca que ejercíamos tan solo tres pescadores en unos pocos días en una zona poco pescada. El efecto era brutal en especies sedentarias como los meros.


Y Para despedirme, os dejo la foto de la captura más grande que conseguimos durante el viaje, un ''Sargo negro'' (Acanthopagrus berda) de 6,5 kg peleado con una smith 10-35 y un rarenium 4000 cargado con 20 lb de trenzado.


Un saludo, y hasta la próxima!